Bieberchella
Un ejercicio especulativo
Constanza despierta un día y tiene 30 años. No se acuerda de nada de lo que pasó en los últimos 17.
Lo primero que sucede es que no ve. Con 13 años, ella tenía -4 dioptrias de miopía pero ahora tiene -12, aunque con 13 años, ella ni siquiera sabía lo que era una dioptria.
Constanza despierta en un cuarto con una cama alta y enorme, rodeada de muchas plantas. La luz es linda. Tiene un cuerpo que no reconoce, y una cicatriz en el brazo derecho. La nota hasta que encuentra los lentes en la mesa de noche. Eso no ha cambiado.
Por supuesto, no se acuerda que hace 3 meses le quitaron un lunar y le dieron 4 puntos sobre la herida, ni todo lo que le ha pasado en esas 10 semanas.
El piso es frio. No es de madera como el de su cuarto de 13 años, y la puerta también es diferente. Cuando la cruza descubre que verdaderamente está en otra dimensión. Nada de lo que ve, conoce. No hay otros cuartos en donde hablar con su hermano ni sus papás ni su perra llegó corriendo para jugar con ella. Ni siquiera hay casa. Está en un departamento con muchos libros y muchos tapetes y muchos zapatos arrumbados en la entrada. Decisión que no tiene ningún sentido porque el piso es helado.
A veces los adultos hacen cosas que no hacen sentido porque esperan obtener un beneficio posterior, piensa la Constanza de 30 años.
Dos horas después de despertar, el celular de Constanza comienza a sonar. Hay notificaciones de mensajes de whatsapp, de instagram, de facebook, de una de las tres cuentas de correo electrónico que usa, hasta de duolingo. No entiende nada de eso, porque en 2009 no existía esas cosas. Los únicos celulares en su casa eran la blackberry de su papá y el tabique con antena expansible que usaba su mamá. Ninguno tenía internet, el cual se reducía a los sitios de Barbie y MyScene en los que jugaba cuando iba a la casa de su abuela.
Pero una de las notificaciones dice bieberchella. Y esa es la única información que puede retener: Justin Bieber existe.
Pero claro, Justin Bieber ya no tiene el mismo peinado, tiene barba y tatuajes en todo su cuerpo, tiene un bebé (que no es de Selena). Justin es piscis, igual que Constanza. Cumplen con tres días de diferencia, eso si lo tiene claro.
Hace un mes y tres semanas Constanza cumplió treinta años en otra ciudad de otro país de otro continente. Casi nadie se acordó de su cumpleaños. Eso sigue siendo igual, igual que los lentes.
La de 30 no se acuerda de como celebró su cumpleaños número 13. Puede que haya sido en una tarde de viernes en Recórcholis, lo cual lo habría hecho perfecto. O puede que lo haya pasado en un campamento escolar, lo cual probablemente lo hizo uno de los peores en su vida, como todo lo que tenía que ver con pasar más de 24 horas seguidas con gente de la escuela. Si fuera así, se acordaría. Una siempre se acuerda cuando llora en sus cumpleaños.
La Constanza de 13 no conoce la depresión, pero si la ansiedad (esa siempre ha estado ahí), conoce como es pasar noches en vela sin ninguna razón aparente más que el peso de una piedra sobre tu pecho y la sensación de que algo es diferente en ti, aunque no sabe bien qué.
La Constanza de 13 no tiene redes sociales y probablemente es más feliz por ello. La de 30 pasó 8 horas de un día de la semana pasada en el teléfono, y por la noche se quería morir por eso, por la sensación asquerosamente sedentaria de estar desperdiciando algo, aunque no sabe bien qué.
La de trece y la de treinta son la misma persona porque las personas no cambian, o es muy difícil que lo hagan: no dejo de intentarlo pero no logro quitarme esos «no saber bien qué» de encima.
Hay amigas que están a los tres, a los trece y a los treinta, pero que si cambian, porque hay padres que mueren y padres que se divorcian, padres que son abusivos y de los que se debe huir, padres a los que les escondes cosas y que te esconden cosas a ti. Hay madres que a los veintiocho te dicen “cuando tenía tu edad ya estaba con tu padre” y hay mamás que te dicen “yo nunca quise tenerte” y esperan que vivas tu vida tranquilamente después de eso.
Hay otras cosas que están a los trece, a los veintitrés y a los treinta, como Justin.
La Constanza de trece no tiene que preocuparse por el dinero, aunque eso es todo lo que hace la del 2026.
JB también se preocupa por el dinero. Lo hace desde hace un par de años: se rumorea que en 2023 despidió a todo su equipo y vendió las 290 canciones de su catálogo, incluyendo regalías y derechos de reproducción, por 200 millones de dólares para evitar la quiebra (aunque estar en bancarrota tiene un significado diferente cuando eres rico a cuando eres pobre, o de clase trabajadora, o de clase media).
En la peli, Jenna despierta dentro de lo que soñó de adolescente. Tiene el trabajo ideal y un penthouse con un guardarropa lleno de birkins y baguettes. Es amiga de Madonna. She is a tough bitch.
Antes no me daba cuenta de las marcas de sus bolsas o ropa, ni de lo exorbitante que debía ser su salario. Ahora me pregunto si tendría inversiones o un fondo de ahorro, si renta o tiene una hipoteca, si yo habría podido amasar tal cantidad de riqueza material si hubiera tomado decisiones diferentes.
Jenna tiene todo lo que quería a los 13 pero no recuerda como lo obtuvo, ni las decisiones que llevaron a eso. Si tuviera 30 no es un viaje corporal a través del tiempo, sino la traslación de su conciencia de 13 (su pasado y a la vez presente) a su cuerpo de 30 (su presente y a la vez futuro). Por eso se comporta como niña, arregla como una niña, sus gustos y vocabulario son los de una niña; es capaz de cenar un vaso de leche sin considerar que tanta lactosa equivale al autosabotaje inflamatorio de su sistema digestivo.
La inocencia adolescente le concede claridad para juzgarse a si misma, y a las acciones que su conciencia de 30 tomó, bien o mal, negro o blanco, sin grises ni complejidades o ambivalencias. Conforme avanza la película descubre que no se reconoce a si misma. Cuidado con lo que deseas.
Las niñas de 13 tienen más certezas sobre el ser adulta que cualquiera de mis amigas tienen ahora, piensa la Constanza de 30.
Constanza también se pregunta si Justin es tan melancólico como ella, si sus recuerdos actúan como regalos y maldiciones a la vez, si busca videos en youtube para cantar sobre la pista de sus videos musicales y evitarse el pago de regalías, o si busca verse a si mismo hace 19 años, cuando las cosas eran negras o blancas, buenas o malas, y no había deudas de 200 millones de dólares. Si le gustaría volver atrás y evitarse la fama, si le gustaría evitarse las complejidades de la vida adulta y los goces o derrotas que trae consigo. Cuidado con lo que deseas.







Por fin lo pude leer con deudas y dolores. Me encantó más de lo que había imaginado. Abrazos Conshi <3